Contenido actualizado en agosto de 2026. Revisado por la Dra. María Henares Ruescas, nº colegiada 02000348. Información contrastada con las guías del Consejo General de Dentistas de España sobre infecciones odontogénicas.
Un flemón dental es la inflamación que se produce cuando una infección bacteriana forma una acumulación de pus en el diente, la encía o el hueso que la sostiene. El nombre técnico es absceso dental, y lo que ves por fuera, esa hinchazón que deforma la mejilla, es solo la parte visible de un proceso que ocurre bajo la superficie.
No desaparece solo. Es la idea que conviene tener clara desde el principio, porque mucha gente espera unos días a ver si remite. La infección puede parecer que mejora, sobre todo si el pus encuentra salida y drena, pero el foco sigue ahí y vuelve a activarse. Necesita tratamiento odontológico siempre, y en algunos casos con bastante urgencia.
Aquí tienes qué lo provoca, cómo distinguirlo, qué hacer mientras consigues cita y, sobre todo, en qué situaciones no hay que esperar a mañana.
Lo esencial en cuatro datos
Atención
Un flemón se trata en la consulta dental, pero hay situaciones en las que la infección se está extendiendo y necesitas atención hospitalaria de inmediato. Acude a urgencias si aparece cualquiera de estos signos:
Dificultad para tragar o para respirar, o sensación de que la garganta se cierra.
Hinchazón que cierra el ojo o que se extiende hacia el cuello o el suelo de la boca.
Fiebre alta con escalofríos o malestar general que empeora deprisa.
No poder abrir la boca más de dos dedos de separación.
Alteración del estado general: confusión, desorientación o decaimiento marcado.
Estas situaciones son poco frecuentes, pero conviene reconocerlas. En el resto de casos, pide cita con tu dentista lo antes posible: cuanto antes se trate, más sencillo es resolverlo.
Qué es exactamente un flemón
Empecemos por el nombre, porque genera confusión incluso entre profesionales. En el lenguaje coloquial llamamos flemón a cualquier hinchazón de la cara o de la encía provocada por una infección dental. En terminología clínica hay que distinguir dos fases distintas.

La celulitis odontogénica es una inflamación difusa que se extiende por los tejidos blandos sin haber formado todavía una colección de pus. Al tocarla se nota dura, con bordes mal definidos, y afecta a una zona amplia. El absceso es la fase siguiente: una acumulación de secreción purulenta contenida en una cavidad con tejido necrótico, bacterias y células defensivas, que se palpa fluctuante, dolorosa y con bordes definidos. Estaa diferencia es fundamental, porque el absceso requiere drenaje y la celulitis se aborda de otro modo.
De dónde sale la infección
Un flemón siempre tiene un origen concreto, y en la práctica son dos. El más frecuente es el periapical, que aparece cuando la pulpa dental se necrosa y las bacterias invaden los tejidos que rodean el ápice de la raíz. El segundo es el periodontal, en el que las bacterias alojadas en una bolsa periodontal alcanzan los tejidos profundos. Hay un tercero menos habitual, la pericoronaritis, que es la infección del tejido que cubre parcialmente una muela del juicio a medio erupcionar.
En cifras, estas infecciones son la causa de una parte considerable de las consultas de urgencia. Según datos publicados por el Ministerio de Sanidad, el absceso periapical supone alrededor del 25% de las urgencias odontológicas, la pericoronaritis un 11% y el absceso periodontal entre el 7 y el 14%.
También hay un patrón en qué dientes se ven afectados: los molares inferiores concentran cerca del 43% de los abscesos, seguidos de incisivos y caninos superiores con un 20% y molares superiores con un 10%.
Por qué no basta con un antibiótico cualquiera
La infección nunca la causa una sola bacteria. Más del 95% de las infecciones orales presentan flora mixta, con una media de cinco especies distintas por proceso, formada sobre todo por cocos grampositivos anaerobios facultativos y bacilos gramnegativos anaerobios estrictos. Un estudio clásico sobre 32 pacientes con absceso periapical aisló 78 bacterias distintas, 55 de ellas anaerobias.
Esto explica dos cosas. Primero, que el antibiótico deba elegirlo un profesional y no salir del cajón de casa. Y segundo, que el fármaco por sí solo rara vez resuelva el problema: mientras el foco siga ahí, la infección tiene de dónde volver.
El absceso, la fístula y ese bulto en la encía

Aquí es donde suele haber más dudas. El absceso es la bolsa de pus. Cuando esa presión busca salida, el organismo abre un trayecto fistuloso, un pequeño canal que comunica el foco con el exterior y desemboca en la encía formando un granito blanquecino o amarillento. Ese bulto se llama parúlide, y muchos pacientes lo describen como «un flemón pequeño que va y viene».
Cuando aparece la fístula, el dolor baja de golpe. Se libera la presión y da la sensación de que el problema se ha resuelto solo. No es así. La fístula es solo un desagüe, y la infección sigue activa por debajo, drenando de forma crónica. De hecho, esos casos son los que más tardan en tratarse, precisamente porque dejan de doler.
Un absceso puede ser agudo, con dolor intenso, hinchazón rápida y a veces fiebre, o crónico, con pocos síntomas y una fístula que drena de vez en cuando. El segundo es más silencioso, pero destruye hueso igual.
Cómo saber si tienes uno
El flemón no suele pasar desapercibido, pero conviene distinguirlo de otras molestias dentales. Estos son los signos que lo identifican:
Dolor punzante y continuo
No cede con el analgésico habitual y empeora al tumbarte, porque aumenta la presión en la zona. Es el motivo por el que muchos pacientes acuden tras una noche sin dormir.
Hinchazón de la mejilla o la encía
Puede ser una zona pequeña junto al diente o deformar toda la cara. Cuando la inflamación crece rápido en pocas horas, la valoración no debe esperar.
Dolor al morder o al tocar el diente
La pieza afectada duele al mínimo contacto y a veces se nota más alta que las demás. También puede haber sensibilidad marcada al frío o al calor.
Un bulto blanquecino en la encía
Es la parúlide, la salida de la fístula por donde drena el pus. Si aparece, el dolor suele bajar de golpe, pero la infección sigue activa por debajo.
Mal sabor y mal aliento
Un sabor metálico o salado que aparece de repente suele indicar que el absceso ha empezado a drenar. Va acompañado de halitosis que no cede con enjuagues.
Fiebre y malestar general
Indica que la infección ha dejado de estar contenida. Con fiebre alta, escalofríos o decaimiento marcado, hay que acudir a urgencias sin esperar cita.
No hacen falta todos los síntomas para que sea un flemón. Con dolor persistente e hinchazón ya hay motivo suficiente para pedir cita.
Por qué aparece: cinco causas reales
Un flemón no surge de la nada ni es cuestión de mala suerte. Siempre hay una puerta de entrada por la que las bacterias alcanzan el interior del diente o los tejidos que lo rodean. Estas son las cinco que vemos en consulta.
Caries profunda que llega al nervio
Cuando la caries atraviesa el esmalte y la dentina, las bacterias alcanzan la pulpa y la necrosan. Desde ahí bajan por el conducto hasta el extremo de la raíz y se forma el absceso periapical. Es el origen más habitual, y suele ir precedido de semanas de sensibilidad que el paciente ignora.
Enfermedad periodontal avanzada
En una bolsa periodontal profunda las bacterias se acumulan fuera del alcance del cepillo. Si el drenaje de esa bolsa se bloquea, la infección queda encerrada y se forma un absceso periodontal. Aquí el diente puede estar perfectamente sano: el problema está en el tejido que lo sujeta.
Fractura o traumatismo dental
Una fisura que ni siquiera se ve permite que las bacterias lleguen a la pulpa. También ocurre tras un golpe que no rompió el diente pero dañó el paquete vascular de la raíz: la pulpa se necrosa en silencio y el flemón aparece meses o años después.
Muela del juicio a medio salir
Cuando un cordal erupciona solo en parte, queda un repliegue de encía sobre él donde se acumulan restos y bacterias. Es la pericoronaritis, y explica alrededor del 11% de las urgencias odontológicas. Típica en personas de entre 18 y 25 años.
Endodoncia previa que ha fallado
Un diente con tratamiento de conducto puede reinfectarse años después si quedaron conductos sin sellar o si una filtración permitió la entrada de bacterias. Duele igual, aunque el nervio ya no esté.
Qué NO debes hacer
Cuando duele mucho, la tentación de resolverlo por tu cuenta es grande. El problema es que casi todo lo que se hace de forma intuitiva empeora el cuadro, y algunas de esas maniobras acaban en urgencias.
- Pincharlo o reventarlo. Es el error más peligroso de todos, y también el más frecuente cuando el bulto asoma en la encía y parece a punto de estallar. Al perforarlo con una aguja, un alfiler o cualquier objeto no estéril, no eliminas la infección: introduces bacterias nuevas y rompes la barrera que el organismo había levantado para contenerla. El drenaje debe hacerlo el odontólogo, con instrumental estéril y en condiciones controladas, además de dejar el trayecto abierto para que el pus siga saliendo.
- Aplicar calor en la mejilla. La manta eléctrica y la bolsa de agua caliente alivian de forma momentánea, pero el calor provoca vasodilatación y facilita que la infección se extienda hacia los espacios profundos del cuello y de la cara. Justo lo contrario de lo que necesitas. Si vas a aplicar algo, que sea frío por fuera, envuelto en un paño y en tandas de quince minutos.
- Tomar antibióticos que te sobraron. Los que quedaron de una infección de garganta o los que le recetaron a alguien de tu familia. Las infecciones odontogénicas son polimicrobianas, con una media de cinco especies distintas por proceso, y no todos los antibióticos cubren ese espectro. Tomar el equivocado no frena la infección y sí contribuye a generar resistencias. Además enmascara los síntomas, lo que hace que llegues a la consulta con un cuadro más avanzado y más difícil de diagnosticar.
- Esperar a ver si se pasa solo. El flemón puede parecer que mejora, sobre todo si aparece la fístula y el pus encuentra salida. Esa bajada del dolor no significa curación: el foco sigue activo y la infección continúa destruyendo hueso mientras tú crees que se ha resuelto. Los abscesos crónicos que llevan meses drenando son precisamente los que más piezas hacen perder.
- Enjuagarte con alcohol o remedios de internet. El alcohol de farmacia, el aguardiente o el vinagre irritan la mucosa y no llegan al foco, que está debajo de la encía o dentro del diente. El clavo, el ajo machacado y compañía tienen algún efecto anestésico anecdótico y ninguno antibacteriano frente a un absceso. Lo único con respaldo son los enjuagues con agua tibia y sal, que ayudan a mantener la zona limpia si ya hay drenaje.
Un apunte sobre el ibuprofeno: tomarlo para el dolor es razonable si no tienes contraindicación, pero no cura nada y su efecto antiinflamatorio puede disimular la evolución. Si necesitas ir subiendo la dosis para aguantar, eso es señal de que hay que acudir, no de que haya que tomar más.
Errores frecuentes
Lo que nunca debes hacer con un flemón
Introduces bacterias nuevas y rompes la barrera que contenía la infección. El drenaje lo hace el odontólogo, con instrumental estéril.
Alivia un momento y facilita que la infección se extienda. Si aplicas algo, que sea frío envuelto en un paño, en tandas de quince minutos.
La infección es polimicrobiana y no todos los antibióticos la cubren. El equivocado genera resistencias y enmascara los síntomas.
Que baje el dolor no es curación. Si ha drenado, el foco sigue activo y continúa destruyendo hueso mientras crees que se ha resuelto.
Irritan la mucosa y no llegan al foco. Lo único con respaldo son los enjuagues con agua tibia y sal cuando ya hay drenaje.
Cómo se trata: drenaje, antibiótico y causa
El tratamiento del flemón tiene tres patas, y las tres son necesarias. Saltarse cualquiera de ellas explica por qué hay pacientes que llevan años con el mismo diente dándoles problemas cada pocos meses.
Primero, drenar. Si ya se ha formado una colección de pus, hay que evacuarla. El odontólogo realiza una pequeña incisión en la encía con anestesia local, o accede al conducto abriendo el diente por la cara oclusal, según dónde esté el foco. El alivio suele ser inmediato, porque lo que duele es la presión. En abscesos amplios se deja un drenaje unos días para que el trayecto no se cierre antes de tiempo.
Segundo, controlar la infección. El antibiótico se prescribe cuando hay signos de diseminación, fiebre, afectación del estado general o compromiso de espacios profundos, y también en pacientes con factores de riesgo como diabetes mal controlada o inmunosupresión. La pauta la decide el profesional según el cuadro. No siempre es necesario: en un absceso bien localizado que drena correctamente, el drenaje puede bastar.
Tercero, resolver el origen. Es la parte que más se descuida y la única que evita la recaída. Según cuál sea la causa, el tratamiento definitivo será uno u otro.

El tratamiento definitivo según la causa
Endodoncia
Se retira el tejido necrosado, se desinfectan los conductos y se sellan. El diente se conserva y después se reconstruye con un empaste o una funda.
Tratamiento de la bolsa
Raspado y alisado radicular para eliminar el sarro subgingival, y en casos avanzados cirugía periodontal. Sin esto la bolsa vuelve a infectarse.
Extracción del cordal
Se resuelve el episodio agudo y después se retira la pieza, porque mientras siga a medio erupcionar el problema se repetirá.
Extracción e implante
Es la última opción, cuando la destrucción es demasiado avanzada. Después conviene reponer la pieza para frenar la reabsorción del hueso.
Cómo aliviar el dolor hasta que te atiendan
Ya lo adelantábamos antes: nada de lo que hagas en casa te va a curar el flemón. Sin embargo, sí puedes pasar mejor las horas hasta tu cita. Estas medidas son seguras y tienen sentido clínico.
Hielo envuelto en un paño sobre la mejilla, quince minutos sí y quince no. Nunca calor.
Una o dos almohadas más. Al tumbarte aumenta la presión en la zona y el dolor se dispara.
Media cucharadita en un vaso de agua tibia, varias veces al día. Sin frotar la zona.
Respetando la dosis del prospecto y siempre que no tengas contraindicación. Consulta en la farmacia si dudas.
Nada muy frío, muy caliente, duro ni azucarado. Mastica por el lado contrario.
Con cepillo suave y sin presionar. Abandonar la higiene en esa zona empeora el cuadro.
Estas medidas alivian, no curan. Si el dolor no baja, la hinchazón crece o aparece fiebre, no esperes a la cita programada.
Cómo prevenirlo
La mayoría de los flemones se pueden evitar, y no por hacer nada extraordinario. Basta con atender a tiempo los avisos que el propio diente da antes de infectarse.
Trata las caries cuando son pequeñas
Una caries incipiente se resuelve con un empaste en veinte minutos. La misma caries dos años después puede necesitar endodoncia o acabar en flemón.
No ignores un diente sensible
La sensibilidad al frío o al calor que dura semanas suele ser el aviso previo. Si después desaparece de golpe, puede significar que la pulpa ha muerto.
Cuida las encías
Cepillado dos veces al día durante dos minutos y limpieza interproximal diaria con seda o cepillos. Una encía que sangra no es normal.
Revisa el estado de tus cordales
Si tienes una muela del juicio a medio salir y ya te ha molestado alguna vez, valora retirarla antes de que vuelva a infectarse.
Acude tras un golpe
Aunque el diente no se haya roto. Un traumatismo puede necrosar la pulpa en silencio y dar la cara meses después.
Una revisión al año
Es lo que detecta las caries y las bolsas periodontales antes de que duelan. La mayoría de flemones son problemas que llevaban tiempo avisando.
Preguntas frecuentes sobre el flemón dental
¿Cuánto tarda en curarse un flemón?
Con tratamiento, el dolor y la hinchazón bajan de forma notable en las primeras 48 o 72 horas tras el drenaje. La resolución completa depende del tratamiento definitivo: una endodoncia se completa en una o dos sesiones, y el hueso perdido alrededor de la raíz tarda meses en regenerarse. Sin tratar la causa, el flemón no se cura, solo se apaga temporalmente.
¿Un flemón puede desaparecer solo?
No. Puede parecer que sí cuando se forma una fístula y el pus encuentra salida, porque en ese momento el dolor baja de golpe. Pero el foco de infección sigue activo y continúa destruyendo hueso. Los abscesos crónicos que llevan meses drenando son precisamente los que más piezas hacen perder.
¿Qué antibiótico se toma para un flemón?
Lo decide el odontólogo según el cuadro, y no siempre es necesario. Las infecciones odontogénicas son polimicrobianas, con una media de cinco especies bacterianas distintas por proceso, así que no todos los antibióticos las cubren. Tomar por tu cuenta el que sobró de otra ocasión no frena la infección, enmascara los síntomas y contribuye a generar resistencias.
¿Puedo reventarme un flemón en casa?
No. Al pincharlo con cualquier objeto no estéril introduces bacterias nuevas y rompes la barrera que el organismo había levantado para contener la infección. El drenaje debe realizarlo el odontólogo con instrumental estéril, además de mantener el trayecto abierto para que el pus siga saliendo.
¿Por qué duele más por la noche?
Al tumbarte aumenta la presión sanguínea en la cabeza y con ella la presión dentro del absceso, que es lo que provoca el dolor. También influye que por la noche hay menos distracciones y la percepción del dolor se intensifica. Dormir con el torso incorporado sobre una o dos almohadas adicionales ayuda bastante.
¿Se puede aplicar calor en la mejilla?
No. El calor provoca vasodilatación y facilita que la infección se extienda hacia los espacios profundos del cuello y la cara. Lo indicado es frío, envuelto en un paño, en tandas de quince minutos.
¿Qué es ese bulto blanco que me ha salido en la encía?
Se llama parúlide y es la desembocadura de la fístula, el conducto por el que drena el pus del absceso. Su aparición alivia el dolor porque libera presión, pero indica que hay una infección crónica activa que necesita tratamiento.
¿Voy a perder el diente?
En la mayoría de casos no. Un flemón tratado a tiempo se resuelve con endodoncia y reconstrucción, y la pieza sigue funcionando durante años. La extracción se plantea cuando la destrucción está muy avanzada, normalmente tras varios episodios sin tratar la causa.
¿Un flemón puede ser grave?
Puede serlo si la infección se extiende a los espacios profundos del cuello. Es poco frecuente, pero por eso conviene reconocer los signos de alarma: dificultad para tragar o respirar, hinchazón que cierra el ojo o baja al cuello, fiebre alta, o imposibilidad de abrir la boca. En esos casos hay que acudir a urgencias hospitalarias sin esperar.

Directora de Instituto Dental Parque. Graduada en Odontología por la Universidad CEU-Cardenal Herrera de Valencia. Nº colegiada: 02000348